El sabor del café gozaba bailando en nuestras bocas. Mis fríos labios se derretían con el calor de los tuyos y tus ojos entrecerrados se reflejaban en los cristales de las gafas haciendo de tu mirada cenizas. El viento celoso mecía el velo de tu pelo mientras yo me aferraba a tu cintura para que no te llevase con el. Nuestros cuerpos se acercaban mas y mas rompiendo la barrera que el viento nos imponía, fundiendo así nuestros cuerpos, nuestras ropas y nuestros espíritus con la máxima pasión. Mi mirada atropelló a la tuya. Tus caricias me hacían volar. Y tumbada en las nubes soñé que te acariciaba el pelo, dejando tu adicto perfume entre mis dedos. Respiraba hondo. Colocón gratuito de ti, sobredosis de ternura. Y entonces la luna me puso ojitos. . .
Que le jodan a la luna, esta noche me quedo contigo.

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